Asociación Valenciana de Astronomía

Calendario

Próximos eventos
  

Facebook

MIEMBRO DE

FAAE

MIEMBRO FUNDADOR DE

FEVADIC

El primer telescopio

Las fechas navideñas son especialmente propicias para regalar estos instrumentos ópticos. Pero, si se trata del primer telescopio, ¿qué tipo de telescopio escoger? ¿Nos guiamos por el precio? ¿Por los aumentos que anuncian?

Cuando los receptores del regalo van a ser niños deberíamos plantearnos, para empezar, si es conveniente decidirse por uno “de juguete” o gastarse algo más y optar por uno de aficionado. Los primeros suelen tener una calidad ínfima e incluso suelen ir en un kit “científico” que incluye además un microscopio: demasiadas promesas hacen que algo barato al final desilusione y salga caro. Para empezar, advertir que en cuanto a material óptico/fotográfico se cumple algo que en otras compras no es tan evidente: mejor cuanto mayor es el precio. Cuanta mayor calidad óptica y mayor diámetro de objetivo, mayor será el precio. Pero también es cierto que sabiendo lo que queremos podemos quedar satisfechos sin necesidad de gastar demasiado. Se trata sencillamente de buscar la mejor relación calidad/precio. Hay marcas que ofrecen calidad con precios razonables. Y para poder elegir debemos conocer las características básicas de los telescopios.

¿Cómo es un telescopio?

Un telescopio es básicamente un tubo óptico con dos conjuntos de lentes en sus extremos: un objetivo que capta luz, y un ocular que nos ofrece una imagen aumentada. A mayor objetivo, mayor captación de luz y eso facilita que el ocular pueda formar imágenes más luminosas y contrastadas; es decir: imágenes de mayor calidad. Existen dos tipos básicos de telescopios según la forma en que captan la luz:
• REFRACTORES: el objetivo, es una lente o conjunto de lentes. Es el clásico anteojo que vemos en las películas de piratas o los telescopios que fabricaba y utilizaba Galileo en el siglo XVII para sus descubrimientos. Hay refractores aptos para uso terrestre (observación de la naturaleza) o adecuados para uso astronómico, que tienen ciertas características distintivas y que veremos después.
• REFLECTORES: el objetivo es un espejo, que recoge y concentra la luz, en el fondo de un tubo (reflector newtoniano), que suele ser de mayor diámetro que el de los refractores.
Una variante mixta son los reflectores catadióptricos en que el tubo va cerrado por una lente correctora. Pero estos últimos, por su mayor precio y complejidad, quizá no son los instrumentos más adecuados para el principiante.

La potencia: ¿más aumentos o mayor abertura?

Hemos visto más arriba que el aumento depende de los oculares. Pero, ¿cómo se calculan los aumentos en un telescopio? Para conocerlo necesitamos otro parámetro de un telescopio que es la “distancia focal” (F) de la lente o el espejo. Dicho de forma sencilla la (F) sería la longitud del tubo óptico. Realmente es la distancia desde la lente o espejo hasta donde se hace el foco, es decir, donde se forma la imagen enfocada, que es donde se pone el ocular. Y los oculares darán mayor o menor aumento dependiendo de su propia distancia focal. Por ejemplo: si la (F) de nuestro telescopio es de 600 mm y ponemos un ocular de 6 mm de distancia focal, el aumento obtenido será 100 X. Si ahora cambiamos el ocular por uno de 20 mm, el aumento obtenido será 30 X. De aquí se deduce que un telescopio con (F) mayor nos dará más aumentos para un mismo ocular.
Cuando adquirimos un telescopio lógicamente lo que queremos es poder ver muchas cosas y cuanto más “grandes”, mejor. ¿Pero qué característica del instrumento nos informa de su potencia? ¿Quizá los aumentos? Los aumentos en un telescopio nos indican en qué medida - cuántas veces - “nos vamos a acercar” virtualmente al objeto astronómico (o terrestre) Pero es una forma algo engañosa de valorar su potencia, y por ello es muy utilizada como un reclamo para la venta.
Es frecuente comprobar, sobre todo en telescopios dirigidos a niños, que se anuncian con “potencias” de 300 - 500 aumentos (300 X – 500 X) ¡o más! Pero resulta que lo realmente determinante para evaluar la potencia es la capacidad de recoger luz y ese parámetro se llama “abertura”. La abertura de un telescopio - o prismáticos - nos la da el diámetro (D) del objetivo, sea lente o espejo: a mayor diámetro, mayor potencia teórica. Y el aumento va a depender ahora del ocular que utilicemos. Los oculares son intercambiables y lo mínimo que deberíamos exigir en la compra de un telescopio es que incluya un par de ellos: uno para gran campo y pocos aumentos, y otro que dé mayor aumento. Así por ejemplo, con el primero podríamos visualizar un panorama de la Luna entera y con el segundo, detalles como cordilleras y cráteres. ¿Esto quiere decir que poniendo un ocular de gran aumento a mi pequeño telescopio de 60 mm puedo conseguir muchísimos aumentos? Teóricamente sí: 400, 500, 1000 X … pero desgraciadamente hay un límite (si no, no se empeñarían los astrónomos profesionales en construir enormes telescopios terrestres o espaciales con objetivos incluso de decenas de metros de diámetro ). Así que el límite de aumentos lo marca precisamente el diámetro del objetivo. Una medida aproximada de la potencia en aumentos que podemos obtener con nuestro telescopio se puede calcular de forma sencilla multiplicando por dos la abertura en milímetros. Siguiendo con el ejemplo de arriba, con nuestro telescopio de 60 milímetros, el aumento máximo teórico sería de 120 X. Utilizar un ocular que nos permita rebasar este límite nos proporcionará más aumentos (p. ej. uno de 3 mm daría 200 X) pero a costa de perder mucha calidad de imagen hasta llegar a ver solo una imagen oscura y borrosa. A esto hay que añadir que si las condiciones ambientales en el momento de la observación -transparencia y estabilidad de la atmósfera, viento, iluminación parásita- no son perfectas, nunca podremos alcanzar ese límite teórico de nuestro telescopio. De hecho, si no se dan las condiciones es más provechoso observar con pocos aumentos y obtener una imagen pequeña pero nítida que conseguir otra mayor pero borrosa.

Telescopios terrestres y astronómicos

Los telescopios también se utilizan para observar el paisaje y la fauna. Estos suelen ser de tipo refractor y van sobre una montura y trípode de los que se utilizan en fotografía con teleobjetivos. Pero los telescopios astronómicos se diferencian, para empezar, por llevar montado en paralelo un pequeño anteojo – el buscador – de poco aumento y gran campo de visión que sirve para localizar y apuntar. Viene a ser como las miras telescópicas de las armas, con su cruz de hilos. Otra característica diferenciadora es que para un telescopio astronómico se recomienda una abertura mínima de 60 mm. Si tiene menos estaríamos hablando de un telescopio de juguete. Además, como se verá a continuación, las monturas pueden ser algo más complejas.

La importancia de trípode y montura: monturas altazimutales y ecuatoriales.

Un trípode cuanto más robusto, mejor. Es importante evitar vibraciones al menor roce con el telescopio. La vibración es inevitable, pero un buen trípode sufrirá poca vibración y notaremos que cuando se produzca se detendrá en muy poco tiempo. Y esto es tanto más importante cuanto mayor aumento estemos utilizando. Es muy molesto que solo tocando levemente el mando para enfocar con precisión, la imagen empiece a “bailar”. Así el enfoque va a dificultarse mucho. Por el mismo motivo las ruedas o tornillos de enfoque deberían permitir movimientos suaves y precisos.
En cuanto a las monturas, para el soporte y fijación del telescopio, las altacimutales son las más sencillas y baratas. Son las típicas monturas utilizadas con trípodes fotográficos que permiten apuntar al objeto con movimientos verticales y horizontales, y fijarlo cuando se ha localizado. Son las más sencillas de manejo y más económicas. En principio, por su sencillez, serían las más recomendables si el telescopio va dirigido a niños. Pero si se trata de un principiante adulto sería preferible optar por una montura ecuatorial. Estas monturas están diseñadas para compensar la rotación terrestre y son algo más complejas pero, bien orientadas a la estrella Polar (lo cual no es demasiado difícil), permiten compensar el desplazamiento de los objetos en el cielo - muy necesario si estamos observando a gran aumento - disfrutando de una observación prolongada y cómoda. El manejo puede ser manual o motorizado. Un valor añadido de estas monturas, si están motorizadas, es que permiten hacer exposiciones fotográficas prolongadas, aunque éste es un tema más complejo que aquí no podemos tratar.
Una variante sencilla utilizada en telescopios reflectores es la montura Dobson. No necesita trípode porque va sobre una pequeña plataforma, es de sencillo manejo y la opción más transportable.

Los accesorios básicos

- Juego de oculares. Ya hemos comentado que conviene disponer de al menos dos oculares, uno de mayor distancia focal para obtener imágenes de poco aumento pero gran campo, y otro de menor focal para obtener mayor aumento, (pero sin que rebase el límite teórico del telescopio).
- Lente de Barlow. En telescopios de iniciación se suele incluir una lente duplicadora 2X (o triplicadora, 3X) del aumento que proporciona cada ocular: es la lente de Barlow. Hay que saber que una Barlow de calidad puede costar tanto o más que un telescopio modesto, así que si viene incluida en el kit del telescopio está garantizado que será deficiente y solo ofrecerá imágenes ampliadas pero muy pobres (oscuras, poco contrastadas y con un campo muy reducido).
- Prismas. Prisma diagonal para observar cómodamente objetos altos sobre el horizonte; prisma inversor de imagen: proporcionan imágenes no invertidas, propias de un telescopio terrestre.
- Filtros: suele incluirse un filtro lunar y, a veces, uno solar. El filtro lunar permite evitar las molestias por exceso de luz en las fases más luminosas , pero no es indispensable. Pero la observación del Sol merece atención especial.
Nunca se insistirá bastante en subrayar la peligrosidad de la observación solar sin precauciones. Solo apuntar con el telescopio directamente sin protección, aunque sea por un segundo, puede causar lesiones oculares irreversibles. Algunos telescopios, incluso de juguete, incluyen un filtro solar que se enrosca en el ocular. El filtro solar de ocular es muy peligroso porque el intenso calor concentrado en el ocular podría romperlo. La forma más segura para observar el Sol y la evolución de sus manchas es proyectar la imagen sobre una pantalla, que a veces va incluida como accesorio o si no, puede improvisarse sin dificultad proyectando sobre una cartulina o una pared próxima. Para apuntar el telescopio al Sol sin peligro existen filtros para el objetivo, tanto para el tubo principal como para el anteojo buscador. Estos son los únicos filtros solares que se deben utilizar. Los niños deben ser advertidos y vigilados del riesgo de apuntar al Sol con cualquier instrumento óptico. Siempre que observen el Sol que sea bajo la supervisión de un adulto informado.

¿Por qué no unos prismáticos?

Para iniciarse en la observación del cielo, unos buenos prismáticos de 10 X 50 (la primera cifra indica los aumentos y la segunda el diámetro de los objetivos, su luminosidad) y campo amplio, pueden ser lo más adecuado. Dan muchas satisfacciones y su precio es relativamente bajo: la Luna, galaxias brillantes y nebulosas grandes, cúmulos de estrellas, cometas y paisajes estelares en la Vía Láctea están a su alcance. Son objetos que no necesitan muchos aumentos para visualizarse. Un cometa brillante o una galaxia como la de Andrómeda son objetos especialmente agradecidos a través de unos prismáticos (mejor cuanto más luminosos sean). Y no digamos si queremos disfrutar de amplios panoramas de la Vía Láctea con sus cúmulos estelares y nebulosas. Unos buenos prismáticos son un complemento irrenunciable para cualquier astrónomo aficionado, tanto si es principiante como veterano.

En resumen

Lo primero a tener en cuenta es que adquirir un primer telescopio que no tenga la mínima calidad (o también, demasiado caro y complejo), es garantía casi segura de acabar con una bonita afición casi antes de empezarla. Y esto es especialmente triste si en el intento hemos matado la ilusión y curiosidad de nuestros niños.
Además, para aprovechar al máximo nuestro primer instrumento y no desilusionarse rápidamente por no saber qué observar, lo mejor es ir aprendiendo a conocer el cielo. Primero a simple vista: las principales constelaciones y saber encontrar los planetas en cada época a lo largo del año; los días y horas en que serán visibles las diferentes fases lunares, etc. Para esto son muy útiles los clásicos planisferios celestes y, mejor todavía, las apps para móvil o tabletas que nos permiten reconocer el aspecto del cielo por fecha y hora. También existen blogs de aficionados y de observatorios. Y buenas revistas especializadas - como Sky & Telescope, Astronomía Digital o la veterana Astronomía - que nos orientan sobre qué constelaciones son visibles y qué objetos astronómicos observar en cada época del año, además de tratar temas y noticias de astrofísica y ciencias del espacio.
Si nos decidimos por el telescopio lo primero es huir de los “de juguete”, aunque busquemos un regalo infantil. Elegir el que tenga una mínima calidad óptica, 60 mm. de abertura como mínimo, con un trípode robusto, con fijaciones sólidas y enfoque suave.
Elegir refractor o reflector ya es más cuestión de gustos. Los refractores se consideran en general más aptos para observación de objetos luminosos como Sol, Luna y planetas. Bien cuidado, un refractor es para toda la vida. Y los reflectores, por su mayor luminosidad, serían más adecuados para la observación de nebulosas o galaxias. Son algo más delicados y, con el tiempo, pueden necesitar algún ajuste y/o limpieza y aluminizado de los espejos. Pero con ambos tipos de instrumento se puede hacer observación astronómica satisfactoria.
Por supuesto, para sacar el rendimiento óptimo – sobre todo si queremos observar objetos débiles como nebulosas y galaxias - es necesario alejarse de la contaminación lumínica, desgraciadamente tan presente en casi todas nuestras poblaciones. También es cierto que la observación de la Luna y los planetas apenas se ve afectada por esa luz parásita (siempre que no nos pongamos debajo de una farola, claro).
Y para concluir pensemos que para empezar a disfrutar de la observación astronómica con un telescopio aceptable no es necesario gastar demasiado: entre unos 100 y 300 € existen buenas opciones.
Una recomendación final: para iniciarse en la afición astronómica, nada mejor que acercarse a otros aficionados expertos que nos puedan guiar en esos comienzos. Precisamente uno de los objetivos de nuestra Asociación – especialmente de nuestra Escuela de Astronomía - es el asesoramiento y guía para quien quiera empezar a disfrutar de esta bonita afición científica.

Referencias:

- “Rumbo a las estrellas” http://rumboalasestrellas.com/tutoriales/ Blog del compañero de AVA Joan Josep Isach, un aficionado experto, encontraremos imágenes y sencillos consejos sobre los telescopios y monturas que aquí se han resumido.
- Foro de astrónomos aficionados astronomo.org : http://www.astronomo.org/ Aquí encontraremos, entre otra mucha información útil, recomendaciones bien argumentadas para la adquisición de los telescopios más adecuados según presupuesto y necesidades.