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Charla: "Pigmalión" y la divulgación astronómica en Valencia

El pasado viernes 28 tuvimos el honor y el placer de tener como ponente al especialista en historia de la Astronomía Pedro Ruiz-Castell, Doctor en Historia de la Ciencia por la Universidad de Oxford y profesor  del Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación de la Universitat de València, que vino a hablarnos de la figura del divulgador científico valenciano José María Meliá Bernabéu, más conocido como “Pigmalión”.

Abajo, el ponente con nuestro presidente.

 

Pigmalión fue un referente de la divulgación astronómica en la primera mitad del siglo XX. Su objetivo fue alfabetizar científicamente a la ciudadanía valenciana, y aunque fue un personaje muy popular en la sociedad valenciana de la época, hoy en día es, para muchos, un gran desconocido. Uno se pregunta, ¿cómo es posible que alguien así no sea uno de los personajes más conocidos en el ámbito de la divulgación científica?

Nuestro personaje nació en 1885 y murió en 1974. Procedía de un extracto social humilde. Empieza trabajando desde la adolescencia como aprendiz de mecánico en tranvías eléctricos, actividad que compaginó con su pasión por la observación de los cielos y la divulgación de la Astronomía. Cuando empezó a perder la vista se centró más en la divulgación.

La divulgación astronómica de finales del siglo XIX y principios del XX casaba bien con las ideas liberales de esa época. Pigmalión quiso instruir a la sociedad valenciana en general, y en especial, a los estamentos sociales más desfavorecidos. En Valencia había pocos círculos que cultivaran el intelecto. En este sentido, Pigmalión encontró un gran aliado para llevar a cabo su tarea instructora en Vicente Blasco Ibáñez. 

Blasco Ibáñez es una de las figuras hegemónicas en la Valencia de finales del XIX y principios del XX. Además de escritor, también se dedicó a la política. Su premisa fue alfabetizar a las masas. Pigmalión fue secretario de Blasco Ibáñez durante la Primera Guerra Mundial, ayudándole a escribir las crónicas de la contienda. Se puede hablar de “blasquismo” como referente del laicismo y el republicanismo. Cabe destacar la iniciativa de 1903 de crear la Universitat Popular.

La prensa era una de las herramientas de comunicación de gran alcance en la época, aunque no toda la población sabía leer. Para ello, Blasco Ibáñez funda el periódico “El Pueblo” (1894). Será un elemento central para afianzar el blasquismo. En ese periódico encontramos los primeros pasos de Pigmalión como divulgador, donde acabará conformando una sección periódica de Astronomía Popular donde explica conceptos básicos de la ciencia astronómica. También planteaba la necesidad de instruir en Astronomía porque es un bálsamo social, y nos hacer ser conscientes de nuestro lugar en el Universo. Pigmalión es heredero de grandes divulgadores como Camille Flammarion.

Con los años Pigmalión adquiere una cierta fama periodística, y esos artículos también son presentados en el ámbito nacional, por ejemplo en El País. Va a compaginar la divulgación escrita con las conferencias, que por cierto, fueron todo un éxito de público y podían llegar a durar más de dos horas. 

A partir de los años 30 aparece un nuevo actor en la comunicación: la radio, que se convierte en el principal medio de difusión entre las masas. Pigmalíón ve la radio desde sus inicios con un gran potencial para divulgar. Para ello adaptó sus conferencias a al medio radiofónico. Pronto se convierte en un locutor radiofónico clave para Radio Valencia, donde adquirió fama y obtuvo un gran éxito con su programa. Aunque empezaba a medianoche, mucha gente le seguía.

Una de las características de Pigmalión fue su rebeldía: rebeldía intelectual, y también en su  imagen personal, en especial, en la vestimenta. Solía llevar siempre sombrero, barba y melena, que junto con su aire ausente y soñador, siempre con un libro bajo el brazo, le conferían una imagen icónica única.

Tuvo una especial atención por las escuelas. De hecho fue profesor de cultura general. Destacaba por su defensa del patriotismo y el apoyo a los científicos españoles.

Además de Blasco Ibáñez, tuvo a Comás i Solá como su mentor. Éste empezó como astrónomo amateur, pero se profesionalizó. Comas i Solá, a diferencia de la mayoría de astrónomos de la época, creía que los canales de Marte eran falsos, es decir, no tenían un origen inteligente, y de hecho fue el primero en decirlo públicamente, aunque no a través de una publicación de prestigio científico, sino en la prensa. También fue el primero en hablar de la dualidad de la luz como onda-corpúsculo. En todos los casos, Pigmalión siempre salió en su defensa cuando fue necesario.

Pigmalión tuvo también una fascinación por la Naturaleza. Simpatizó con movimientos como los naturistas y los vegetarianos (introdujo “La Fiesta del Sol”). Se mostró siempre muy preocupado por el medio ambiente, y por ello insistió en la defensa de la naturaleza, atacó el maltrato animal y criticó la tala de árboles.

También tuvo una faceta como astrónomo aficionado, participando activamente en distintas sociedades astronómicas:

1- “La sociedad astronómica de España y América”, donde colabora con Comás i Solá, que será su mentor

2- Mantuvo vínculos con asociaciones activas durante el franquismo, como la Agrupación Astronómica Aster de Barcelona.

Alrededor de la figura de Pigmalión hay todavía muchas incertidumbres. No sabemos qué pasó con él durante la Guerra Civil. Y  no sabemos por qué no fue represaliado a pesar de ser uno de los intelectuales republicanos que participó en mítines anticlericales. Esos ataques  acabaron transformándose en loas a la Iglesia.

En 1960 recibe el Premio Ondas. A pesar de todo, pasó estrecheces económicas en sus últimos años.

Murió dos años después de la fundación de la AVA, en 1974. Gracias a Pigmalión muchos valencianos se interesaron por la astronomía en los años cincuenta y sesenta, generando el caldo de cultivo que germinaría, finalmente, en la creación de nuestra entidad

Lamentablemente, por problemas de salud, Pigmalión no pudo venir a la AVA, a pesar de haber sido invitado.

El Ayuntamiento de Valencia le dedicó una calle en los años setenta y donó su biblioteca -formada por varios miles de volúmenes- a la ciudad de Peñíscola.

Y con esto, terminó una charla amena y rigurosa que nos descubrió una figura casi olvidada -pero crucial- de la cultura valenciana de la primera mitad del siglo XX

Abajo, el ponente posando con un obsequio que le entregó AVA.