A propósito del paso de la Tierra por el perihelio

El pasado 4 de enero por la mañana la Tierra pasó por el punto de su órbita más cercano al Sol, el perihelio. Debido a que la órbita terrestre no es circular sino ligeramente elíptica la Tierra pasa progresivamente de 152 a 147 millones de km del Sol cada seis meses.

A destacar que este suceso coincide con el hecho de que acabamos de empezar la estación invernal (el 21 de diciembre, fecha del solsticio de invierno) y esto confunde a muchos porque, ¿cómo es posible que precisamente cuanto más cerca estamos del Sol se inicie la estación más fría? Bueno, eso será si vivimos en el hemisferio norte porque todo el mundo sabe que precisamente el 21 de diciembre marca para los habitantes del hemisferio opuesto el comienzo del verano, de su verano austral. Allí sí parece que se cumple la lógica: más cerca, más calor. Pero esto no explica la paradoja de nuestro caso. ¿Qué pasa aquí? En el colegio nos explicaban esto al hablar de las estaciones del año pero parece que no quedaba muy claro porque son numerosas las personas que siguen con esa idea errónea metida en la cabeza. Y es que el cambio de estación de un planeta, al contrario de lo que pueda parecer, no depende de la distancia al Sol sino de un factor más sutil: la inclinación del eje de rotación (en el caso terrestre de 23 grados y 26 minutos) respecto de la eclíptica (el plano dibujado por su trayectoria orbital).

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From Wikimedia Commons. File:Estaciones del año.png


En el hemisferio norte este hecho determina que la duración del día sea mínima al iniciarse el invierno (unas 9 horas de día frente a 15 horas de noche), y por tanto la insolación también. Y este hecho implica además que la elevación del Sol a mediodía en invierno sea la menor del año. De hecho en latitudes superiores al círculo polar el Sol no llega a salir sobre el horizonte. Y al desplazarse desde esta latitud hacia el polo norte la cantidad de días sin amaneceres se irá incrementando desde un solo día hasta llegar a los 6 meses en el mismísimo polo norte. Esto y no la variación cíclica de distancia al Sol, que realmente es muy pequeña (5 millones de km, sólo un 3% de la distancia Tierra-Sol), es lo que determina que las temperaturas invernales en nuestro hemisferio sean menores que en las demás estaciones. Y en el verano boreal, cuando 6 meses después la Tierra se encuentra en la parte opuesta de su órbita (el afelio), ocurrirá exactamente lo contrario porque la inclinación del eje de rotación siempre se mantiene y provocará que el hemisferio norte esté ahora “volcado” hacia el Sol.

¿Pero entonces no es cierto que en los planetas más cercanos al Sol las temperaturas superficiales son altísimas? Efectivamente, pero es que en estos casos sus distancias medias al Sol son, para Mercurio, bastante menos de la mitad que la de la Tierra (unas 0.38 veces), y menos de tres cuartas partes de esa distancia (0.72) para Venus. Eso sí es estar verdaderamente cerca del Sol y las temperaturas en ellos pueden superar los 350˚C en Mercurio y mucho más en Venus (más de 460 ˚C), debido además al brutal efecto invernadero que provoca su atmósfera.


 

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