Un nuevo estudio publicado por Cinquemani y Lutz (2026) abre la puerta a ampliar la búsqueda del origen de la vida no solo a esos ambientes marinos u oceánicos, sino a uno que nosotros relacionamos habitualmente con extinciones: los cráteres de impacto. Ahora bien, si bien los sistemas hidrotermales del fondo marino están formados habitualmente por el efecto de la propia dinámica interna del planeta, los impactos también pueden crear sistemas hidrotermales relativamente duraderos.




