Este objeto cósmico se sitúa a 10 000 millones de años luz de distancia de la Tierra y ha perdido un 5 % de su brillo en dos décadas. Un estudio en el que han participado investigadores españoles sugiere que la estructura gaseosa que lo alimenta se está debilitando y que, por ello, la velocidad a la que fluye la materia hacia su interior ha disminuido cincuenta veces en tan poco tiempo.




